La disponibilidad de agua por habitante en México cayó de 17,742 metros cúbicos anuales a 3,656 en siete décadas, y se proyecta que baje a 3,285 m³ para 2030, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA)1. Detrás de esa cifra hay una estructura territorial desigual: mientras el país depende cada vez más de sus acuíferos, 114 de ellos ya están sobreexplotados, casi cuatro veces más que hace cinco décadas2.
Una caída de siete décadas
El dato no es una proyección aislada ni una alarma coyuntural: aparece documentado en el Programa Institucional del IMTA 2025-2030, que atribuye la caída al uso no sustentable del recurso, señalando que la agricultura bajo riego utiliza más del 70% del agua concesionada en el país, mientras la industria mantiene un bajo nivel de reúso1.
La tendencia se repite en fuentes independientes. Un análisis publicado en El Financiero confirma que la disponibilidad per cápita cayó de 17,742 metros cúbicos por habitante a 3,656 en siete décadas, con proyección de solo 3,285 para 2030, y añade que más de 35 millones de mexicanos siguen sin acceso adecuado al agua3.
114 acuíferos sobreexplotados
El deterioro se concentra en el subsuelo. Jorge Arriaga, coordinador ejecutivo de la Red de Agua de la UNAM y del Centro Regional de Seguridad Hídrica bajo los auspicios de la Unesco, explicó a la agencia EFE que el número de acuíferos sobreexplotados pasó de 32 a 114 en casi cinco décadas2.
La dependencia de esas reservas subterráneas es prácticamente total para el consumo humano en buena parte del país. Arriaga advirtió: "Casi el 80 o 90% del agua para consumo humano proviene de los acuíferos"2. Eso significa que el deterioro de los mantos no es un problema ambiental abstracto, sino la fuente directa de la que depende el suministro urbano.
Otro análisis técnico basado en datos de CONAGUA y el Inventario Nacional de Acuíferos precisa que, de los 653 acuíferos del país, 157 están sobreexplotados —24% del total—, pero concentran el 60% de la extracción nacional, con caídas de nivel de entre 0.5 y 2 metros al año en zonas como el Valle de México, Querétaro, León y la Comarca Lagunera4.
Casi el 80 o 90% del agua para consumo humano proviene de los acuíferos
Jorge Arriaga, Red de Agua de la UNAM / Centro Regional de Seguridad Hídrica (Unesco)

El caso extremo del Valle de México
La sobreexplotación no es uniforme. Arriaga documentó que regiones como el Valle de México extraen casi el doble del agua que recuperan naturalmente, un desequilibrio que se traduce en hundimientos del suelo y mayores costos de bombeo2.
Esa presión coincide con lo que organizaciones civiles detallaron sobre la capital: casi 70% del agua que se consume en la Ciudad de México proviene del acuífero más sobreexplotado del país, y la extracción excesiva provoca que la ciudad se hunda hasta 40 centímetros al año5. Al mismo tiempo, uno de cada cuatro hogares capitalinos no recibe agua todos los días, y cerca de cuatro de cada 10 litros se pierden en fugas antes de llegar a las personas.
Lo que hay que saber
- Disponibilidad per cápita
Cayó de 17,742 m³ anuales por habitante a 3,656 m³ en siete décadas, según el IMTA[^1].
- Acuíferos sobreexplotados
Son 114 a nivel nacional, frente a 32 hace casi cinco décadas, según la Red de Agua de la UNAM[^2].
- Origen del agua potable
Entre 80% y 90% del agua para consumo humano en México proviene de acuíferos[^2].
- Valle de México
Extrae casi el doble del agua que sus acuíferos recuperan naturalmente[^2].
Marco legal e inversión en 2025-2026
El diagnóstico coincide con cambios normativos recientes. En diciembre de 2025 el Congreso aprobó la primera Ley General de Aguas en 33 años, que reconoce el agua como derecho humano y bien estratégico, crea el Registro Nacional del Agua y prohíbe la transmisión especulativa de concesiones entre particulares3. CONAGUA inició 2026 revisando más de 536,000 títulos de concesión.
El gobierno federal comprometió 20,000 millones de pesos en 2025 para infraestructura hídrica, descrita como la inversión pública más significativa en el sector en décadas3. Aun así, el mismo análisis advierte que las cifras de fondo no han cambiado con la recuperación parcial de las presas: un tercio de los hogares con tubería no recibe agua diariamente y el estrés hídrico amenaza hasta el 31% del Producto Interno Bruto nacional.

Sin bancarrota hídrica, pero con señales de alerta
Pese al deterioro documentado, los especialistas consultados por EFE evitan hablar de un colapso total. Arriaga fue explícito al descartar el término que ha circulado en foros internacionales: "La bancarrota hídrica no es un concepto que podamos hacer operativo"2. El concepto, impulsado por Naciones Unidas, describe a sociedades que viven persistentemente por encima de sus límites hidrológicos.
El matiz importa para entender el panorama: 44% de los acuíferos del país están en disponibilidad media o negativa, una cifra alta pero que no equivale, según los propios especialistas, a que el país se haya quedado sin agua2. La diferencia entre ambos diagnósticos —crisis estructural documentada frente a colapso generalizado— es la que definirá qué tan urgentes deben ser las respuestas de organismos operadores, gobiernos estatales y usuarios agrícolas e industriales en los próximos años.














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