México cerró la primera mitad de 2026 con la superficie en sequía más baja desde 2020, pero los mismos organismos que celebraron ese respiro —Conagua y la Organización Meteorológica Mundial— advierten ahora que el fenómeno de El Niño, ya consolidado con fuerza excepcional, puede invertir el mapa de riesgo hídrico del país en los próximos meses: sequía en el sur y sureste, inundaciones en el norte, y presión sobre presas, acuíferos y ciudades que ya operan al límite de su infraestructura.
De la sequía casi vencida...
El cambio fue rápido y documentado. En enero de 2026, el Monitor de Sequía de México reportaba que solo el 20.1% de la superficie del país registraba afectaciones por falta de lluvias y escurrimientos, encabezado por Coahuila con 76.3% de sus municipios afectados.1
Semanas después, Conagua anunció una mejora todavía mayor: más de 2 mil municipios en 13 estados habían salido de la condición de sequía, y solo el 7.4% de la superficie nacional registraba sequía de moderada a excepcional, la cifra más baja desde 2020.2 La propia comisión atribuyó el respiro a una temporada de lluvias y ciclones tropicales particularmente activa en 2025, con ocho sistemas ciclónicos y 40 ondas tropicales que alimentaron presas y acuíferos.
El contraste con años recientes es marcado: apenas en mayo de 2025, Conagua reportaba que el 49% del territorio nacional presentaba algún grado de sequía.2 En el Valle de México, el sistema Cutzamala —que abastece a la zona metropolitana— llegó a 70% de almacenamiento en mayo de 2026, su nivel más alto en siete años, frente a apenas 27% en el mismo mes de 2024.3
...a las lluvias que rompen récords
El mismo repunte de lluvias que alivió la sequía empezó a generar el problema opuesto. Hacia septiembre, el Cutzamala registraba ya casi 50% más lluvia de lo normal y se perfilaba a superar el récord de inundaciones de los últimos 40 años en la Ciudad de México, luego de que en 2024 el sistema estuviera en plena crisis de sequía.4
El viraje no es casualidad meteorológica aislada: corresponde al patrón que especialistas venían anticipando desde agosto. En un seminario organizado por la Iniciativa Climática de México (ICM) y el Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, investigadores señalaron que El Niño 2026 podía aumentar los riesgos relacionados con disponibilidad de agua, producción de alimentos, incendios e inundaciones, aunque los efectos no serían iguales en todo el territorio nacional.5
El climatólogo Andreas Fischlin, expresidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), participó en ese análisis para explicar cómo El Niño se inserta en la variabilidad climática de fondo que agrava los extremos.5

El pronóstico que preocupa
Según el boletín más reciente de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), citado por medios regionales, El Niño alcanzará una intensidad "muy fuerte" en los próximos meses y sus efectos se prolongarán hasta bien entrado 2027.6
El pronóstico regional es asimétrico: en el sur y sureste —clave para agricultura y abasto de agua— se esperan condiciones más secas, con mayor peligro de sequía agrícola y afectaciones a cultivos como maíz, café y caña de azúcar; en el norte, en cambio, se anticipan inviernos más húmedos, con mayor probabilidad de lluvias intensas, crecidas de ríos y daños por inundaciones.6
La OMM matiza que las condiciones oceánicas actuales —con anomalías de temperatura superficial del mar que ya superan los +2.0°C y llegan hasta +2.6°C en el Pacífico ecuatorial en algunos periodos— y un calor subsuperficial excepcional son la base física de este pronóstico, aunque la intensidad del fenómeno no determina por sí sola la gravedad en cada región.6
Los niveles actuales de sequía en el país son el resultado de una muy activa temporada de lluvias y ciclones tropicales 2025
Comisión Nacional del Agua (Conagua)
Un territorio que ya operaba al límite
El vaivén entre sequía extrema y lluvia récord no ocurre sobre una base neutra: México arrastra una condición estructural de estrés hídrico que ningún ciclo de lluvias resuelve de fondo. Más de la mitad del territorio se ubica en una región semidesértica, y ciudades con alto consumo de agua se asentaron precisamente en zonas que ya enfrentan problemas de disponibilidad.7
En materia de acuíferos, de los 653 que existen en el país, 157 están sobreexplotados —24% del total— pero concentran el 60% de la extracción nacional; en zonas como el Valle de México, Querétaro, León y la Comarca Lagunera los niveles bajan entre 0.5 y 2 metros al año.8
Los especialistas consultados en el seminario de ICM y la UNAM advirtieron además que los efectos del riesgo hídrico no se reparten igual entre la población: los grupos con menos recursos enfrentan mayores dificultades ante la falta de agua, y la carga de garantizar el acceso doméstico recae de forma desproporcionada en las mujeres.5
Lo que hay que saber
- Sequía mínima en 6 años
En enero de 2026 Conagua reportó que solo 7.4% del país tenía sequía de moderada a excepcional, la cifra más baja desde 2020.
- Cutzamala, de crisis a récord
El sistema pasó de 27% de almacenamiento en mayo de 2024 a 70% en mayo de 2026, y hacia septiembre registraba casi 50% más lluvia de lo normal.
- Acuíferos sobreexplotados
157 de los 653 acuíferos del país están sobreexplotados y concentran 60% de la extracción nacional de agua subterránea.
- El Niño hasta 2027
La OMM prevé que el fenómeno se mantenga con intensidad muy fuerte y sus efectos se extiendan hasta bien entrado 2027.

Qué sigue
La ICM planteó cinco prioridades para enfrentar los posibles impactos: crear un mecanismo permanente de coordinación entre sectores y gobiernos, regionalizar los sistemas de información y alerta temprana, fortalecer la capacidad de respuesta en agua, salud, alimentos, ciudades y energía, considerar las vulnerabilidades de cada territorio, y vincular las medidas con la política nacional de adaptación al cambio climático.5
El reto de fondo, coincidieron los especialistas, es que no puede garantizarse el mismo volumen de agua todos los años si las condiciones climáticas cambian de forma abrupta, y que la respuesta institucional —gobiernos, academia, sector privado y comunidades— debe anticiparse a que el riesgo se convierta en daño consumado.5
- Crear un mecanismo permanente de coordinación entre sectores y gobiernos
- Regionalizar los sistemas de información y alerta temprana
- Fortalecer la capacidad de respuesta en agua, salud, alimentos, ciudades y energía
- Considerar las vulnerabilidades de cada territorio
- Vincular las medidas con la política nacional de adaptación al cambio climático














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